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Secreto y transparencia tras el 15-M (borrador)

Toda la cultura occidental está penetrada por una cuestión obsesiva: “¿Cómo encontrar un modo de codificar la información que garantice el secreto absoluto?” (Fabbri, 1995: 19).

El objetivo de este trabajo es analizar la relación entre estado y ciudadanía y la evolución de lo público (entendido como lo relacionado con el Estado, como lo accesible, pero también lo que afecta a todo el mundo) en nuestro país desde el 15 de mayo de 2011 a partir de las categorías de secreto y transparencia.

Antes del 15-M esta relación se veía en términos de la posibilidad de ocultar y desvelar y no tanto a partir de la posibilidad de construir mecanismos para profundizar en la calidad democrática, en la rendición de cuentas y en la formación de estructuras de participación ciudadana.

Desde un punto de vista público, el Estado y los “secretos de estado” tradicionalmente han estado unidos por el ejercicio de poder y por la “primacía de la seguridad sobre la libertad”. Estos secretos de estado se justificaban por la necesidad de controlar y omitir información a la ciudadanía para preservar la seguridad y garantizar la estabilidad del sistema, pero también como un mecanismo de control ante los que no conocen (porque no tienen la información necesaria para ello). De esta forma, la censura era vista como ausencia de información y presencia (en ausencia) de secretos.

Hasta el 15-M la relación entre participación ciudadana, tecnología y esfera pública estaba muy determinada por una cultura de la opacidad y de la filtración y por una noción de información basada en la sociología descrita por Georg Simmel en El secreto y la sociedad secreta (1908): “Del misterio y secreto que rodea a todo lo profundo e importante, surge el típico error de creer que todo lo secreto es al mismo tiempo algo profundo e importante”.

No hace falta recordar que uno de las raíces del 15-M estuvo en el movimiento #Nolesvotes y en las filtraciones reveladas por el Cablegate (noviembre de 2010) que ponían en evidencia las conversaciones entre Estados Unidos y España para regular la llamada “Ley Sinde”.

La transparencia, como bien sabemos, está muy unida a la confianza; al fin y al cabo, tal y como señalaba Giddens “la primera condición de los requisitos de la confianza no es la falta de poder, sino la falta de una información completa” (Giddens, 1994).

Esa corriente filosófica y política, unida a la falta de confianza en los Estados, se ejemplificará en uno de los principios de Wikileaks: privacidad para el débil, transparencia para el poderoso (Assange, 2012). Este principio se basa en los viejos postulados del activismo de los 90, Do it Yourself; y de un movimiento cultural que no creía “en la sinceridad de la comunicación a gran escala” (Wolton, 1999).

Paralelamente, y muy vinculado al 15-M -en la medida en que “cada generación necesita de un acontecimiento, de una experiencia colectiva que le permita configurar un estilo de vida propio” (Manheim)-, se está desarrollado otro movimiento (inicialmente más minoritario, pero que poco a poco ha ido mostrando la coherencia de sus limitaciones) que aboga por mecanismos de transparencia para redefinir la concepción de lo público. Esta corriente se relaciona principalmente con el Gobierno Abierto, el movimiento open data y con las tecnologías cívicas.

Desde esta perspectiva, la confianza establece relaciones entre poder y control, pero también de crédito. La confianza tiene algo de natural, de etología, de conocimiento del territorio. Por su parte, la desconfianza tiene algo de cultural, de creación de reglas para el mantenimiento natural de la confianza.

De ahí la necesidad de estructuras abiertas, vivas, etc. y proyectos desarrollados colaborativamente que reduzcan la necesidad de información y aumenten la confianza entre los miembros del sistema. “La confianza se convierte en un factor importante de ahorro sobre los costes de transacción en cuanto consiente reducir la necesidad de información para el control y la vigilancia” (Lozano, 2003: 66).

Una de las grandes enseñanzas de Wikileaks es que no es más poderoso el que más información tiene, sino el que más densidad significativa sea capaz de crear con esa información. Desde esta perspectiva, los estados precisan de una nueva política de transparencia y de relación con los medios y con sus ciudadanos que facilite una transición más rápida al llamado Open Government.

Esa labor proactiva, nos facultará para crear más rápidamente instituciones que gestionen la información a partir de una cultura que está redefiniendo la noción de comunidad.

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