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Divulgar en la universidad del siglo XXI. Más allá de la ANECA

En los últimos años hemos visto cómo el auge de las publicaciones académicas –incluidos los predatory journals-, de los repositorios abiertos, el papel cada vez más relevante de blogs y redes sociales en la divulgación científica y la internacionalización de los contenidos está transformando los criterios para evaluar la investigación en la Universidad.

 

100 ARTICULOS MAS DIVULGADOS

Altmetric publica una lista con los 100 artículos más divulgados.

La Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) es un organismo autónomo, adscrito al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, que se encarga de desarrollar diferentes programas para llevar a cabo la actividad de evaluación, certificación y acreditación de enseñanzas superiores así como del profesorado.

Entre sus funciones destacan evaluar las propuestas de los planes de estudio diseñados en consonancia con los objetivos establecidos para la construcción del Espacio Europeo de Educación Superior (PROGRAMA VERIFICA) o el CV para el acceso a las figuras de profesor universitario contratado (PEP) y a los cuerpos de funcionarios docentes universitarios (ACADEMIA).

 Evaluar la calidad del profesorado (a través de las bases de datos de grandes multinacionales)

Para la obtención de las acreditaciones de profesor contratado (ayudante doctor, contratado doctor y profesor de universidad privada) se valoran preferentemente las aportaciones que sean artículos en revistas de reconocido prestigio, aceptándose como tales las que “ocupen posiciones relevantes en los listados por ámbitos científicos en el <Subject Category Listing> del Journal Citation Reports del Science Citation Index (SCI), del Social Sciences Citation Index (SSCI) y del Arts and Humanities Citation Index (AHCI) (Institute of Scientific Information, -ISI- Philadelphia, PA, USA), en el Philosopher’s Index, en el Répertoire Bibliographique de Louvain o similares” (como por ejemplo Scopus).

En Ciencias Sociales y Humanidades también se utiliza DICE: “Difusión y Calidad Editorial de las Revistas Españolas de Humanidades y Ciencias Sociales y Jurídicas” (en colaboración con el CSIC).

El principal problema de utilizar algunas de estas bases de datos internacionales como argumento principal para la acreditación del profesorado –sin menoscabar su utilidad y las especificaciones lingüísticas de las distintas disciplinas- aparece al “descubrir” que pertenecen a multinacionales editoriales que cuentan con sus correspondientes intereses económicos, políticos y sociales a la hora de establecer los criterios de calidad de las investigaciones académicas.

En el caso del Journal Citation Reports, Thomson Reuters (con unos ingresos de 10.975 millones de euros en 2014) y en el de Scopus, Elsevier (con más de 2500 revistas académicas y 7159 millones de € de ingresos en 2014).

Sin olvidar que su acceso está limitado tanto académica como económicamente.

El papel del conocimiento abierto en la investigación universitaria

Desde  2014, todos los trabajos financiados gracias al programa de investigación europea Horizonte 2020 tienen que ser de acceso abierto. El objetivo era que el 60 % de los artículos de la investigación financiada con fondos públicos europeos pueda consultarse libremente para 2016.

Los contribuyentes no tienen por qué pagar dos veces por la investigación científica y precisan de un acceso continuo a la información en bruto. Deseamos llevar a un nivel superior la difusión y el aprovechamiento de los resultados de la investigación científica. Los datos son el nuevo petróleo”. Así se expresaba en julio de 2012 Neelie Kroes, en aquel momento vicepresidenta de la Comisión Europea y responsable de la Agenda Digital para Europa.

Por su parte, David Willetts, entonces ministro británico de Ciencia y Universidades afirmaba en The Guardian que “dar a las personas el derecho a ´circular` libremente sobre la investigación financiada con fondos públicos marcará el comienzo de una nueva era de descubrimientos y colaboración académica y pondrá al Reino Unido en la vanguardia de la investigación abierta”.

Junto al acceso abierto aparecen como demandas crecientes la transparencia y las políticas de reutilización. Estas demandas permiten:

  •  Conocer de manera más sencilla cómo evoluciona una ciencia.
  • Monitorizar y corregir errores de investigaciones:

La Comisión Europea reconoció que se había servido del análisis de Reinhart y Rogoff en el que se afirmaba que unos niveles de deuda pública por encima del 90% del PIB tenían un impacto negativo en el crecimiento, aunque señalando que sólo había sido uno de los estudios utilizados. El artículo de Reinhart y Rogoff puede leerse en este enlace).

Thomas Herndon, Michael Ash y Robert Pollin publicaron un análisis el 15 de abril de 2013 -puede leerse aquí– en el que señalaban que el trabajo de Reinhart y Rogoff contenía “errores de codificado”, una “exclusión selectiva de datos disponibles” y una “ponderación no convencional de estadísticas sumarias”.

  • Permitir a países menos desarrollados acceder y utilizar el conocimiento y la información que de otro modo no serían capaz de poder adquirir.
  • Dinamizar el sector público y acercar la universidad y el conocimiento científico a la sociedad.


La aproximación de la Universidad a la sociedad. Nuevas formas de divulgar, nuevas formas de compartir

 La universidad siempre ha tenido un papel fundamental en el progreso científico de una sociedad a través de la internacionalización y de la divulgación del conocimiento, pero en este momento la verdadera apertura no está sólo en implementar ese conocimiento abierto desde las instituciones sino en que, junto a la sociedad, pueden y deben decidir qué significa “progreso científico” y de qué forma éste se quiere y se puede lograr.

Como ya señalaba en 2011 Juan Luis Manfredi, “los medios sociales han contribuido a romper las barreras de la educación superior en la medida en que se ha transformado en altavoces de nuestro trabajo y han generado nuevos criterios de reconocimiento profesional”.

Junto a blogs (individuales y colectivos), redes sociales (Twitter, Facebook, Linkedin, etc.), cada vez son más importantes -a la hora de establecer nuevas comunidades “académicas”- plataformas y redes científicas como ORCID (adjudica un identificador digital a investigadores), Google Scholar, Academia, Researchgate o Dialnet.

De esta forma se está ampliando la divulgación a alumnos, a medios de comunicación y entre fronteras territoriales, académicas y lingüísticas. Agencias especializadas y medios digitales están haciendo de altavoz del discurso académico a la vez que permiten que discursos periféricos se integren con mayor facilidad dentro del mundo académico.

Según cifras de Academia.edu, las publicaciones que se incorporan a esta plataforma aumentan hasta un 41% sus citas en el primer año respecto a los que no están disponibles de manera gratuita online (hasta un 73% tras los 5 años de su publicación). En este momento, Academia.edu cuenta con más de 20 millones de usuarios y 5 millones de artículos.

Otro buen ejemplo de repositorio de base de datos abierto que puede impedir que un error académico se vuelva un argumento político de consecuencias relevantes es Figshare (en este momento recoge casi 480.000 datasets de investigaciones científicas). Nacido en 2012 cuenta con una API abierta, es colaborador de ORCID, adjudica un DOI (identificador de objeto digital para la localización de publicaciones científicas) y está permitiendo que las investigaciones científicas puedan tener una continuación permanente y segmentada gracias al acceso rápido y completo de los datos utilizados (más allá de los resultados académicos publicados).

Almetric, por ejemplo, ha elaborado un listado de “los 100 artículos académicos más compartidos en 2015” en el que valora el número de noticias que ha generado el artículo, el número de post en blogs, Facebook, Reddit, Weibo o Google Plus, el número de tuits, el número de vídeos, el número de referencias en Wikipedia, etc.

Pactar la educación universitaria. Más allá de la(s) próxima(s) legislatura(s)

La pregunta, más allá de la ANECA y de los efectos cuantitativos que produce, es: ¿cuáles son los mecanismos necesarios para mejorar la calidad y la difusión de las investigaciones académicas de nuestro país?

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